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Oh, los actores y el público

   Por Mario Vizcaíno Serrat  

   Delante del escenario juntaron varias mesas y armaron un puente con Marín, desde su posición de figura central, que incluyó la presencia de algunos arriba, como Osvaldo Rojas en el papel del «negrito» del teatro vernáculo o Renecito de la Cruz en sus acostumbradas muestras de humor.

   De temporada en Miami, Armando Tomey estuvo la semana pasada y volvió con su esposa. Lo acompañaron en la mesa Mario Rodríguez y Félix Beatón.

   Aunque estuvieron debajo, como público, estos actores fueron novedad en la segunda noche de Marín en El batazo, a cuyo escenario también subieron Reni Arozarena, Benny Moré en la película cubana, quien recitó el poema de Nicolás Guillén La canción del bongó, y la cantante Maydelis Malvar, una joven empeñada en hacer carrera en La Habana tras vivir varios años fuera de la Isla.

    El resto del programa concebido por Bárbaro Marín fue similar al de su noche inaugural, el viernes pasado, aunque con aires nuevos, como ocurre con los actores cuando se inspiran desde el talento y el oficio: canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Carlos Varela, anécdotas, conversaciones con el púbico, escenas de Andoba con su hermano Julio Marín, esta vez sin Susel Benavides en el papel de la madre, y la declamación del propio Julio de El vino, texto de Alberto Cortez del que va aquí un extracto:

 

El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.

 

Cambia el prisma de las cosas

cuando más les hace falta

a los que llevan sus culpas

como una cruz a la espalda.

 

La puta se piensa pura,

como cuando era muchacha

y el cornudo regatea

la medida de sus astas.

 

Y todo tiene colores

de castidad, simulada,

pues siempre acaban el vino

los dos, en la misma cama.

 

El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.

 

Pero... ¡qué lindo es el vino!.

El que se bebe en la casa

del que está limpio por dentro

y tiene brillando el alma.

 

Que nunca le tiembla el pulso,

cuando pulsa una guitarra.

Que no le falta un amigo

ni noches para gastarlas.

 

Que cuando tiene un pecado,

siempre se nota en su cara...

Que bebe el vino por vino

y bebe el agua, por agua."

 

   Como nota el lector, Bárbaro Marín concibe sus peñas con ese ingrediente no tan abundante que se llama profesionalidad, por eso está pendiente de detalles que garantizan la comunicación con el público, y parece evitar trabajar desde la cómoda –pero peligrosa- posición de quien se sabe popular y respetado.    

   ¡Que venga la tercera peña, el viernes próximo a las ocho de la noche en Belascoain 211, entre Neptuno y Concordia!

 

 

    

  

   Pusieron la ironía fina, el chiste oportuno, la complicidad y, por supuesto, se divirtieron. Fue el aporte de algunos buenos actores cubanos a la segunda edición de la peña de Bárbaro Marín en El batazo.

  Delante del escenario juntaron varias mesas y armaron un puente con Marín, desde su posición de figura central, que incluyó la presencia de algunos arriba, como Osvaldo Rojas en el papel del «negrito» del teatro vernáculo o Renecito de la Cruz en sus acostumbradas muestras de humor.

   Armando Tomey, que estuvo la semana pasada, volvió con su esposa, y lo acompañaron en la mesa Mario Rodríguez y Félix Beatón.

   Aunque estuvieron debajo, como público, estos actores fueron novedad en la segunda noche de Marín en El batazo, a cuyo escenario también subieron Reni Arozarena, recordado por su papel de Benny Moré en la película cubana, que recitó el poema de Nicolás Guillén La canción del bongó, y la cantante Maydelis Malvar, una joven empeñada en hacer carrera en La Habana tras vivir varios años fuera de la Isla.

    El resto del programa concebido por Bárbaro Marín fue similar al de su noche inaugural, el viernes pasado, aunque con aires nuevos, como ocurre con los actores cuando se inspiran desde el talento y el oficio: canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Carlos Varela, anécdotas, conversaciones con el púbico, escenas de Andoba con su hermano Julio Marín, esta vez sin Susel Benavides en el papel de la madre, y la declamación del propio Julio de El vino, texto de Alberto Cortez del que va aquí un extracto:

 

El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.

 

Cambia el prisma de las cosas

cuando más les hace falta

a los que llevan sus culpas

como una cruz a la espalda.

 

La puta se piensa pura,

como cuando era muchacha

y el cornudo regatea

la medida de sus astas.

 

Y todo tiene colores

de castidad, simulada,

pues siempre acaban el vino

los dos, en la misma cama.

 

El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.

 

Pero... ¡qué lindo es el vino!.

El que se bebe en la casa

del que está limpio por dentro

y tiene brillando el alma.

 

Que nunca le tiembla el pulso,

cuando pulsa una guitarra.

Que no le falta un amigo

ni noches para gastarlas.

 

Que cuando tiene un pecado,

siempre se nota en su cara...

Que bebe el vino por vino

y bebe el agua, por agua."

 

   Como nota el lector, Bárbaro Marín concibe sus peñas ese ingrediente no tan abundante que se llama profesionalidad, por eso está pendiente de detalles que garantizan la comunicación con el público, y parece cuidarse de trabajar desde la cómoda –pero peligrosa- posición de quien se sabe popular y respetado.    

   ¡Que venga la tercera peña, el viernes próximo a las ocho de la noche en Belascoain 211, entre Neptuno y Concordia!

 

 

    

  


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