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Ronald y la rumba. La rumba y Ronald

     Es el estribillo de uno de los temas más populares de Yoruba Andabo, que las muchedumbres rumberas cubanas han cantado hasta el cansancio. Su autor y cantante ensanchó su prestigio con esa pieza, y luego de 10 años en la emblemática agrupación, la abandonó y formó la suya, Ronald y su explosión rumbera.

   Tiene apellido, por supuesto -González- pero lo perdió hace tiempo y hoy es Ronald, el calentador de la rumba.

     Hace menos de un mes El batazo en La Habana le abrió sus puertas como la casa de la rumba, y eso lo tiene feliz porque se trata de zona tradicional de la rumba: San Leopoldo, Cayo hueso. Así que su cuartel general está ahora en Belascoain y Neptuno.

   «Estoy muy contento con tener al Batazo como casa de la rumba los domingos y reunir a tanta gente allí. Ahora vamos a estar cuatro domingos seguidos, con los que esperamos complacer a mucha más gente», explica Ronald en su casa del barrio de Buena Vista, en el municipio habanero de Playa.

   «El batazo nos permite estar cerca de la gente que ama la rumba. Es un lugar en el que, mientras estamos allí, todos estamos cerca», comenta. 

   Está disfrutando recientes éxitos como una Casa de la música de Galeano abarrotada con ellos también cuatro fines de semana consecutivos, con un cover de cinco cuc, el más alto registrado allí para un grupo.

   Habla con El batazo después de apagar un reproductor de música en que escuchaba a Oscar de León. «Yo escucho a los buenos, sean de la época que sean. Pero los jóvenes no creen en ellos, ignoran la riqueza que los antecedió y sólo creen en lo actual, y así no se llega a ningún lado», se queja el líder de La explosión rumbera, un conjunto que ha moldeado a su gusto.

   Hoy, quizás sea el rumbero más gustado en La Habana, al punto de que sus dos presentaciones en El batazo atrajeron tanto público, que la dirección cerró las puertas, y dentro apenas el público podía moverse.

   A sus 46 años, tiene algunas experiencias exitosas que mantienen su entusiasmo: casi todos los temas que cantó con Yoruba Andabo le pertenecen, de modo que se pasea entre los rumberos con distinción. Y confía en su música como alternativa a la superficialidad de la que también se queja: «hoy, todo se está convirtiendo en saltadera, en baile, en gritería. Todo no puede ser: vamos a saltar, vamos a brincar»

   Llegó a la capital con el expediente de cuatro años en los legendarios Muñequitos de Matanzas, una de las provincias cumbre de la rumba cubana. La otra es La Habana. Luego, conoció todo el éxito posible con Yoruba Andabo. Pero es ambicioso y quiso hacer lo suyo. Por eso se arriesgó y abandonó una agrupación establecida.

   Ahora, con sus muchachos, que buscó durante un año en barrios rumberos, está tratando de afianzarse en Cuba y ya mira más allá de sus fronteras.

   Porque Ronald, el calentador de la rumba, siempre quiere ir más allá.


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