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Colores de El Batazo en La Habana

   Me lo dijo con los ojos inmensos y la satisfacción a flor de rostro tras hacerse una instantánea con Coralita Veloz, la legendaria actriz y anfitriona de una peña los sábados en la noche que suele terminar con una especie de conga-rumba que asegura: Yo no sé qué es lo que tiene La Habana, que to el mundo se enamora de ella.

  La profesora universitaria dio en el centro del misterio que es El batazo. Este fin de semana organizó cuatro espectáculos diferentes para los que tuvo que amarrarse el cinturón porque tanta diferencia entre uno y otro y la cercanía de los horarios podían malograrlo todo.

   Fíjese usted, lector amable, que de un escenario con hip hop, rumba y mucha mezcla que el dúo Bajo mundo brindó a un grupo de estudiantes y profesores universitarios estadounidenses que visita La Habana, hubo que saltar a la peña del actor Bárbaro Marín, que este viernes se extendió casi hasta las 12 de la noche por la irrupción del espectáculo anterior.  

   Pero el detalle que sorprendió a Yokabi Milanés el sábado fue evidente la noche anterior, cuando los Bajo mundo se quedaron a disfrutar la peña de Marín y sus invitados e interactuaron sin que echaran a perder el guión.   

  Y como si no le bastara la capacidad de transformarse, al día siguiente El batazo encendió su vocación deportiva y agasajó al equipo de pelota de La Habana, categoría sub23, pero de un modo envidiable: hizo coincidir allí a María Caridad Colón, Ana Fidelia Quirot, Alberto Juantorena y Javier Sotomayor.

   Los mejores momentos de las carreras de esos cuatro gigantes fueron vistos en televisores y luego cada uno subió al escenario a rememorar detalles y a conversar y aconsejar a los jóvenes peloteros. Parece fácil, pero es difícil lograr reunir a personajes cuyas vidas suelen estar llenas de compromisos.

   ¿Y cree que el sábado terminó así? ¡No! Al batazo apenas le dio tiempo para acomodar mesas y sillas y reabrir las puertas para el público que prefiere a Coralita Veloz, acompañada por Raciel y un grupo de músicos jóvenes que siempre ponen a bailar.

   Casi al marcharse de lo más satisfecho, el periodista Jorge Mederos, que vive en Miami, se echó a reír cuando su cuñada, que vive en La Habana, le dijo: «cuando venga tu esposa hay que traerla aquí».

   Curioso, muy curioso que un lugar cause encantos similares en una profesora universitaria de Camagüey, un periodista que ya no vive en Cuba y un matrimonio que reside en La Habana.


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